Sobre la virtud, la sensualidad y el ser católico en Gómez Dávila. Respuesta a un lector.

Estimado Alebayer:

Creo que tiene usted buenas razones para formular la pregunta que hace y muy buenas para recelar de la implicación entre sensualismo y cuestionamiento de la virtud que puede seguirse de mi intervención en el evento de Madrid. Los énfasis y los supuestos de una exposición oral son pruebas muy difíciles de superar, de allí mi gratitud por su pregunta pues me ofrece la oportunidad de poner mi punto uno poco más claro.

El asunto de la sensualidad me ocupó durante un largo período en el que estuve dedicado a examinar Notas, texto lleno de interés y de dificultades de interpretación dada la multiplicidad de asuntos tratados y las voces con las que Don Nicolás se da la oportunidad de experimentar. Muchos pasajes de Notas tocan el tema del erotismo y la sensualidad y Don Nicolás da sus primeras pinceladas a la noción de sensualismo que aparece límpida en los Escolios. En ese ámbito de experimentación filosófica y literaria, el lector que no asuma la lectura de la totalidad del texto puede pescar frases desconcertantes o atribuir contenidos a Don Nicolás que él mismo solamente suscribiría muy bien matizados por otras afirmaciones que también se encuentran en la obra. Mi intención siempre fue la de comentar la obra como lector y, haciéndolo, me encontré con varias defensas del derecho a la contradicción que conducen a una crítica del pensamiento dialéctico.

Ahora bien, hay muchos elementos autobiográficos en Notas y Don Nicolás habla en primera persona con gran desenvoltura. Sus afirmaciones autobiográficas están cargadas de un humor que, ya ud sabrá, puede ser bastante ácido y fuerte. La ironía sobre sí mismo no se hace esperar. Así, en las referencias a su vida y en los usos de la primera persona referidos al erotismo, la sensualidad, el amor etc. se dan, de nuevo, esos problemas de lectura de los que le hablo y, entonces, cabe la posibilidad de malos entendidos.

Para mi, como Ud. ha comprendido bien, se trata de observar el modo en que el sensualismo es una manera de tener una experiencia intensa de la realidad y de observar el modo en que en medio de dicha experiencia el individuo (Don Nicolás mismo o la conciencia humana que él trata de comprender) se encuentra con el resplandor singular del valor. En esa experiencia, la guía más clara la ofrece la experiencia profunda de Dios y los datos que nos guían son de carácter moral. Ahora bien, en medio de esa experiencia nos confrontamos con nuestro carácter de creaturas y la condición de pecadores, en esa condición resplandece también la gracia y la acción redentora. Creo que así la acción de Dios en la vida del individuo, ciertamente, le santifica.

Esto con respecto al texto de Notas como texto y a su lectura intricada.

Con respecto al catolicismo de Don Nicolás los lectores deben lidiar también con una variedad de opiniones, por poner un ejemplo, su referencias al clero progresista y el Concilio Vaticano II, muestran que como pensador hay muchas decisiones y opiniones al interior de la Iglesia que le parecen dignas de rebeldía o de burla. Un lector que conoce el conjunto de la obra no diría que es menos católico por rebelarse discursivamente aunque no comparta muchísimas posiciones doctrinales de la iglesia contemporánea. Sin embargo sus disensos incluyen muchos eventos en la historia de la iglesia ¿Implica esto que en algún momento se haya planteado abandonarla o dañarla en manera alguna? En absoluto.

El lector se enfrenta, sin embargo a dificultades de lectura cuando en Textos I (115-135), por ejemplo, define la Iglesia Católica como una estructura colectiva e histórica de comprensión. Las afirmaciones en esos textos demandan mucha atención y requieren paciencia pues su léxico toca los bordes de la herejía, eso no lo hace ni de lejos un mal católico, lo hace un autor digno de estudio en quien, uno puede encontrar una de las formas más lúcidas posibles de vivir la Fe y la experiencia Religiosa.

Este contexto me permite intentar responder su pregunta: Yo creo que comprender a Don Nicolás no es fácil para ningún lector contemporáneo, las dificultades comienzan en el dominio de las lenguas clásicas y, por ende, de los textos griegos y latinos que son su alimento y su alegría como Platón, Tucídides, Aulo Gelio etc. Don Nicolás conoce, además, las tradiciones literarias de todas las lenguas europeas, la poesía moderna y la crítica literaria, a todos estos temas se refiere por medio de alusiones.

Junto a la doctrina y la teología, Don Nicolás conoce como pocos los textos de los Padres de la Iglesia, la Historia de la Iglesia, puede explicar (especialmente en los Nuevos Escolios a un Textos Implícito) las variedades de la herejías medievales, la evolución del gnosticismo y el modo en que estas doctrinas permearon el cristianismo. Dada esta lista de dificultades mi opinión es más bien la siguiente: hoy día un lector de Don Nicolás Gómez Dávila debe convertirse, ante todo, en su alumno: debe aprovechar cada Escolio y cada Nota, cada alusión histórica, literaria o filosófica para suplir en sí mismo las carencias que presenta su educación.

La erudición y la poderosa inteligencia de Don Nicolás son un reto para todos sus lectores, lo digo por haber sido llevado en cada página de su obra a investigar asuntos que no me había planteado y a tratar de aprender no sólo de qué estaba hablando Don Nicolás, sino también por qué lo hacía con el énfasis que lo hacía. Leerlo me ha hecho tratar de ser menos bruto cada vez, parafraseando un escolio.

Existen, sin embargo, múltiples pasajes de la obra, y muy claramente en Textos I, en que Don Nicolás muestra que el talante reaccionario no se manifiesta en él con una intención pedagógica, siempre se trata de una conversación, entre mentes (inteligencias), entre libertades. Don Nicolás no busca convencernos de nada sino llamarnos la atención sobre ciertas creencias básicas, ellas generan la posibilidad de un encuentro, de una complicidad. Esa conversación, nos lo indica en algunos Escolios, puede incluir tanto a los que comparten nuestras opiniones como a los que no. Don Nicolás tiene en gran estima a los adversarios inteligentes.

Dentro de todos los adversarios que pueden chocar con un reaccionario habrá una variedad de católicos, de creyentes o de ateos de todas las cataduras, me parece que aquellos que se niegan a examinar lo que dice el creyente en sus palabras y en sus gestos pierden la posibilidad de comprender mucho de lo que Don Nicolás escribió. Sin embargo, creo que los autores que escriben declarando la fe y la vida en relación con Dios siempre corren ese riesgo. En especial los reaccionarios quienes, además del malentendido corren a sabiendas el riesgo de ser agredidos por lectores o escuchas. Don Nicolás ejerció con gracia y elegancia la escritura desde esa perspectiva en épocas aún más hostiles que la nuestra para quienes se declaran pensadores religiosos.

Creo que Don Nicolás es una lectura valiosa para todos los que se puedan dar la oportunidad de acercarse a su obra, seguramente, la manera en que lo comprendan será tan honda como la lectura que cada uno. Sin embargo no creo que ser católico me garantice que lo entiendo, ni que los lectores ateos estén condenados a no entenderlo.

Finalmente, en lo personal, jamás he dudado de que Don Nicolás encarnó todas las virtudes de las que un ser humano es capaz, en mi no inspira otra cosa que admiración y cariño.

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